TIBET
Del tibetano Bod (meseta del Tibet)
Región autónoma de China
Población: 373.000 habitantes (censo 2009)
Un triste día de 1949 China comenzó la invasión del Tibet y la Revolución Cultural y sus efectos llegaron hasta los más inhóspitos rincones de la gran meseta norte del Himalaya. Con este “equipaje”, en mayo de 2013 parto hacia el mítico destino, en lo que será un trayecto de un mes que acabará en Lhasa; desde dónde volveré a Nepal sobrevolando las más altas montañas de la Tierra. Saliendo de Kathmandu, por la carretera de la Amistad llego a la frontera. El gigantesco edificio burocrático es una metáfora del Tibet actual en el que el imperio económico y militar de China se impone sobre una población de fuertes convicciones, pero con escasos recursos para poder acceder a los bienes de consumo que les ofrece el milagro chino en sus deslumbrantes escaparates.
En el remoto oeste son pocos los Han que se adaptan a las duras condiciones que impone este fascinante desierto de altura por el que se mueven todavía numerosos grupos de nómadas para los que el yak sigue siendo su bien más preciado. Las motos chinas han sustituido a las caballerías y el asfalto va poco a poco facilitando la colonización. Pero las arraigadas creencias budistas impregnan y motivan cada día la vida de una mayoría de población, humilde y acostumbrada a resistir; bien sean las severas condiciones del territorio, o la aplastante asfixia del control político que ejerce el gobierno chino sobre los tibetanos. Aunque sigue siendo una sociedad rural, es perceptible la mejora en las condiciones de vida. Las grandes infraestructuras han traído con ellas más comodidad en los desplazamientos, pero también un número creciente de colonos que son tan determinantes en el nuevo Tibet, como los destrozos de la Revolución Cultural. También aumenta el turismo interior, que considera Tibet como un territorio histórico de China. El turismo extranjero llega buscando la espiritualidad de este pueblo y los maravillosos templos tibetanos. También la prodigiosa luz de uno de los Grandes Espacios más extraordinarios de nuestro planeta.
Con el desarrollo, este frágil entorno natural sufre una explotación a gran escala de sus recursos naturales, lo que conlleva su degradación.
Con todo, una visita a Tibet, sigue siendo toda una inolvidable experiencia física y humana.
El recorrido que circunvala el sagrado monte Kailash a cuyos pies encontramos el también sagrado lago Manasarovar, nos permitirá descubrir los grandes paisajes montañosos de la meseta y conocer y admirar -sin llegar a comprenderlos del todo- a los peregrinos postrantes, máxima expresión de la fe en Buda que profesa casi la totalidad de la población tibetana. En el cercano condado de Zanda, se encuentran importantes vestigios del antiguo reino de Guge, y algunos de sus enigmáticos templos.
En el desolado Ngari central sentiremos que el tiempo se ha detenido. Aquí vive la auténtica población nómada de Tibet; a los que la influencia china todavía les ha cambiado muy poco su modo de vida. Con las pequeñas motocicletas se desplazan con sus tiendas y sus rebaños de cabras y yaks, buscando pastos por estas interminables llanuras deshabitadas, salpicadas por preciosos lagos salados de altura, de variados tamaños y colores, y junto a enormes y aisladas montañas de las que se descuelgan glaciares que alimentan ríos y lagos. Durante el trayecto veremos al antílope tibetano, onagros, cabras azules y hasta algún yak salvaje.
De vuelta al eje principal del Himalaya, podemos acercarnos con relativa facilidad hasta la salvaje cara norte de la montaña más alta de la tierra. En sus inmediaciones se encuentra el singular monasterio budista de Rumtek.
Ya en la zona monumental descubriremos milenarios templos en los que la población vive intensamente su fe, hasta hace solo unos años perseguida por el régimen chino. Por encima de todos ellos sobresale la joya arquitectónica del palacio del Potala, que aunque desposeído de su esencia como palacio de los Dalai Lama, su sola visión es capaz de evocar toda la fascinación y la mitología generada por uno de los territorios más bellos y espirituales del planeta.